No soporte tu mirada de burla y me retiré en silencio.
Nuevamente te veía en el ambiente que una vez nos unió, nuevamente te encontraba entre luces y música, entre gente bailando, entre alcohol y abrazos efusivos acompañados de un saludo: “¡hola!” “¡tanto tiempo!”…
Un escueto saludo y las preguntas de rigor en las que informábamos que estaba todo bien en nuestras vidas, que seguíamos estudiando, viviendo donde siempre, con nuestras familias y amistades. Luego, la pregunta que venía siempre acompañada de una risa que no podíamos explicar y la misma respuesta que nos veníamos dando desde hace años, “Solteros”
Esta noche el cielo estaba especialmente oscuro y las cercanas olas del mar se escuchaban especialmente fuertes, aunque no estaba lo suficientemente oscuro ni lo suficientemente tenebroso para que mi atención se dirigiera a otra cosa que no fuese la luz parpadeante que invitaba a bailar y la música que llenaba cada poro de mi piel de la adrenalina más grande.
¿Nosotros? No, no bailamos, no tentaríamos la suerte de esa manera.
Tu al otro extremo yo en el mío, felices.
Recuerdo levantar mis brazos, recuerdo mirar de manera coqueta, recuerdo bailar muchísimo, no recuerdo muy bien con quien, recuerdo que estaba pasándola bien, recuerdo corear las canciones y repetir unas cuantas veces ”este tema es buenísimo”, recuerdo mover mi pelo y sonreír mucho, recuerdo reír a carcajadas.
También recuerdo claramente quien bailaba a mi lado: ella, la mejor de todas, mi amiga, mi cómplice, mi hermana, mi tesoro, mi armadura y mi espada, ella, la de mirada encubridora y con la que nos comunicábamos en base a sonrisas, gestos o un lento movimiento de ojos, no había razón para pasarla mal si a mi lado bailando se encontraba ella, mi mejor amiga.
Un cambio de estilo y el momento perfecto para descansar
- ¿Me esperas Diego? – ahí está, se llamaba Diego – voy a buscar algo para tomar – una sonrisa coqueta al tiempo que recibía un sí de su boca que no alcanzó a llegar a mis oídos - ¿vienes?
La última palabra era para ella y su negativa me hizo entender que algo más que sed debía ocurrir en ella para que dejara de bailar.
Tu mirada de burla y provocación aun me revuelve el estomago y me convierte la sonrisa en una mueca de asco.
Diego me esperó, en mi interior se que es un buen amigo; en la barra pronto vi a quien durante toda la noche había acompañado a mi amiga, ante la pregunta necesaria para saber su paradero me dijo que aún seguía bailando.
Tranquilidad, estaba bien, estaba segura.
El jugo y el vodka me hicieron despertar y me dejaron deseosa de mas baile, consiente por competo de cada uno de mis movimientos y mis actos, bebiendo alcohol como princesa.
Busque a Diego para seguir bailando y la busque a ella pero no la encontré, sonreí.
Una vuelta, un par de saltos como lo pedía la canción, la tónica de seguir la letra de la música que animaba se daba hasta que me toco girar y verte, a ti, con la mirada coqueta, con tu frente apoyado en su frente, con tu mano en su cintura y la otra en su mejilla. Estabas con ella.
No hubiese pasado nada si en esa fracción de segundo yo hubiese dado el giro completo de la vuelta y hubiese seguido bailando, fueron tus ojos, fue tu mirada pendiente de la mía, con el tono burlón, con la membrana de la cizaña, con tu media sonrisa, con tus cejas ligeramente levantadas, fuiste tú y tu movimiento calculador para darle la vuelta justo cuando yo acababa la mía.
Seguí bailando y por dentro me prometí que no arruinarías mi noche, un cambio de posición y quede de frente a ustedes, de frente a ti, vi su pelo cayendo por su espalda, vi como jugabas con él y casi pude sentir el calor de tu mano quemando mi espalda, el extraño recuerdo que mi piel sentía me hizo tiritar. Vi tu mano sobre su hombro y sentí como pesados bloques de cemento reposaban ahora sobre mis hombros, vi tu rostro y seguí estúpidamente tu mirada presumida y penetrante dirigirse a sus ojos y en breves segundos una mirada llena de desafío hacia los míos.
No puedo creer que no haya podido dejar de bailar aun.
La música nos pidió tomar de la cintura a nuestra pareja, Diego me sonrío y yo le respondí el gesto, si tú fueras él, sería muchísimo más fácil.
Un, dos tres, cuatro, vuelta, un, dos, tres, cuatro, vuelta, un, dos, tres… y te vi.
Acercaste tu rostro y trataste de besarla, a ella, a mi mejor amiga.
Su negativa te hizo sonreír y a mí me devolvió la respiración, pero alcance a ver esa escena de provocación, ya era bastante asquerosa como para que sumaras una nueva mirada.
No soporte tu mirada de burla y me retire en silencio.
Me disculpe con Diego y salí de la pista, del alcance de todos, conforme avanzaba mi velocidad aumentaba llegue a la puerta casi corriendo, necesitaba un solo movimiento para estar acostada en la soledad de la noche sobre la arena fría, un movimiento mas y podría perderme mirando la oscuridad, este cielo que no prometía estrellas, un solo movimiento que nunca podre escribir porque no lo di.
La única mano que deseaba sentir sobre la mía y que a la vez deseaba tener lejos.
- ¿Estás bien?
¿Hay en el mundo pregunta más sínica? Considerando la noche, tu mirada, tus risas, tu baile, tu presencia ¿era necesario ese grado de estupidez innata? ¿Era necesaria esa pregunta?
- Sí
No tengo comentarios, preguntas sínicas y estúpidas para preguntas sínicas y estúpidas.
- No te creo.
- Yo tampoco creo que estés aquí preguntando eso.
Mi mirada se cargo de lagrimas y las lagrimas en odio, el odio en furia, la furia en decepción, la decepción en tristeza, la tristeza en nostalgia, la nostalgia en melancolía, la melancolía en recuerdo… y me vi extrañándote.
Tu mano no soltaba la mía, la apretabas fuerte ¿temías que saliera corriendo en serio?
Quizás la peor decisión de mi vida fue dejar que el tiempo borrara el amor que un día te tuve y quizás el error real fue no dejar que lo borrara por completo.
Tiritabas, pero no recuerdo que hiciera tanto frio, algo te pasaba.
Volvías a ser tan humano, tan real, tan de carne y hueso y eso me aterraba tanto, sentir compasión por el ser que hace diez minutos me había producido asco, espanto y decepción.
- Te extraño - Podría escribir un libro con las miles de veces que has dicho eso y que has demostrado lo contario – y mucho – así se debería llamar la segunda parte del libro.
- Es bueno extrañar – por una vez en la vida no caería en el juego.
¿A quién quiero engañar? Tu mano me tomo por la nuca y al tiempo que una lagrima corría por mi mejilla te pedí que te detuvieras, que no siguieras con eso, que me harías daño.
A un segundo de beber del beso de tus labios titubeaste, quizás me estabas escuchando, quizás reparaste en mi llanto, quizás fuiste humano y tuviste compasión. Me solté de tu brazo, te pedí que me dejaras sola, te pedí espacio, te dije que te fueras…
Corrección… te grité que te fueras.
La arena arruinó mis zapatos y el viento marino caló mi cuerpo hasta los huesos, el único atisbo de calor era el del rio d lagrimas silenciosas que aun no dejaban de caer.
Prometí odiarte casi al mismo tiempo en que entendí te quería como antes.
*
- Diego es lindo
Mi mirada denoto risa cuando la escuche decir eso.
- Cuando te perdiste bailé con él – seguía en su monologo – saldremos esta semana… es lindo.
- Ya lo dijiste
Una risa broto de ambas.
- Y él – el tono serio me hizo entender que se refería a ti – es un imbécil ¿viste cuando…?
No permití que el último segundo de esa noche se arruinara y no la deje continuar.
- Si lo vi, es un estúpido.
Cerré los ojos y suspire por última vez con el deseo de dormir, pensé en el día que pronto nacería y con ese pensamiento borre tu mirada de mi memoria,
- Oye
- ¿Qué pasa?
- Buenas noches
- Buenas noches amiga
Eso era lo importante, ella entre todas era mi mejor amiga.
*
Ya han pasado las noches, el cielo volvió a entregarnos estrellas y el viento que antes me producía espanto hoy me tranquiliza, ya han pasado las noches y en mi mente aun está tu mirada de burla, tu mano tiritando y el calor tentador de la última vez que intentaste besarme.
Prometo odiarte, con la misma intensidad con que cuento para nunca hacerlo.