¡Que manera de maldecir!
Maldita sea la hora en que se me ocurrió pasear por un camino que sabía revivía recuerdos y mil veces más maldita sea la hora en que tomaste la misma decisión.
Tu con ella, tu con esos ojos brillantes, tu con tu sonrisa ligera, tu con la sombra de mis besos en tus labios, tu con la clave para revivir mis recuerdos, tu que el día de ayer encendías con el roce de tus manos con las mías un sinfín de sentimientos, tu con ella, sobretodo, tu con ella….
Con ella, con la siguiente después de mí, con la de pelo largo, la de ojos misteriosos, la que me temió, la que me odio, la que creyó ganar, la que sonrió con mis lágrimas y lloró con mi indiferencia, ella, la que está contigo y sepulta con sus besos mi rastro de tu cuerpo, la que está contigo, sobretodo, la que está contigo.
Yo con él, yo que aún no pierdo el don de leer tus ojos y entender los parpadeos necesarios para un “te quiero”, yo que sonrío escuchando tu nombre, no extrañando, solo recordando, yo que reí a causa tuya y lloré de la misma forma, yo que el día de ayer te juré amor eterno, yo con él, por sobretodo, yo con él…
Con él, que supo revivir en mi los latidos necesarios para volver a confiar en un “te quiero”, con él que me tomó la mano y me enseñó a querer con fuerza, como no lo había hecho nunca, como había deseado siempre, él que alegra mis días con un te quiero y que engrandece mi vida con un beso, él conmigo, por sobretodo, él conmigo.
Maldita sea la hora en que involuntariamente sincronizamos nuestras mentes y maldito sea el momento en que no nos permitimos desviar nuestro camino, tomar otra ruta, cambiar el destino, maldito sea el instante en que nuestras miradas se cruzaron y tomamos fuerte la mano de el de al lado. Maldito sea el instante en que nos reencontramos.
Maldito sea el saludo con la mirada, tanto que decir con los ojos, como antes, en el silencio, en secreto…
“Hola, estás con ella, te ves mejor, te extraño un poco, ya no estas, pero estoy mejor, mírame también sonrío, yo a él lo quiero… éxito en todo… no lo pienses, no lo digas… yo también”
Una mirada muy fría para mi gusto, muy distante para el tuyo, muy necesaria para ambos.
Maldito sea el instante en que pasamos por al lado del otro, maldita sea la culpa al sentir el brazo de él en mis hombros y maldito sea el suspiro resignado que lanzaste al aceptar el abrazo de ella.
Maldita sea la forma en que sentí como tus ojos taladraban mi espalda cuando estaba segura habías volteado a mirar y maldita sea la forma en que mire como te mezclabas entre la gente cuando yo me voltee y tu ya habías roto el gesto.
Maldito reencuentro, tú con ella, yo con él, reconociendo nuestros ojos, nuestras caras, nuestras bocas, buscando las marcas de los besos que nos dimos en honor al amor.
Maldita sea la forma en que sonreí y maldita sea la forma en que escuché a lo lejos tu carcajada, nos hacia bien, no teníamos que maldecir tanto.
Bendito sea el momento en que entendimos que éramos recuerdo, bendito sea el momento en que entendimos que nuestras vidas estaban ocupadas, que éramos un hermoso, un importante y un eterno recuerdo.
Maldito sea el momento en que maldije verte, debí haber sonreído más y pensar menos…
